Most likely yo go your way (and I’ll go mine)

Un mes después, Bruselas y yo todavía nos estamos conociendo.
Ya ha nevado, llovido, hecho sol y yo empiezo a echar de menos la luz. Es grave viniendo de Galicia. Ya me he perdido en las instituciones, comido gofres, probado cervezas y descubierto los domingos belgas. Pas mal.

Joe Sacco “I write about what hits me in the gut”

Apretaba un poco menos el calor ayer en Madrid cuando, después de hacer un poco de Paco Martínez Soria , me senté en el auditorio Sabatini del Museo Reina Sofía buscando reconciliarme con el periodismo.

Tres años después de acabar la carrera todavía me sigue costando decir que soy periodista. Y es que una se sienta en el auditorio Sabatini en días cómo ayer y se da cuenta del largo camino que le queda para poder atreverse a decir que comparte profesión con personas como Gervasio Sánchez o Joe Sacco.

Y de eso trataba la lección de ayer. De caminos y de periodismo.

Gervasio Sánchez, Joe Sacco y Paco Roca en el auditorio del museo Reina Sofía

Gervasio Sánchez, Joe Sacco y Paco Roca en el auditorio del Museo Reina Sofía

Gervasio Sánchez comenzó leyendo un texto de presentación en el que desmontaba todo aquello que nos contaron en la facultad. Animaba a olvidarse de la objetividad y a no ser equidistante. Al fin y al cabo, dijo, no hay peor mal que la ausencia de empatía y, sintiéndolo mucho por los académicos, el periodismo será siempre subjetivo. Presentó a Joe Sacco diciendo que es uno de esos que escriben sobre las personas que hay debajo de los titulares.

Joe Sacco contó que se rindió con el periodismo. En uno de sus primeros trabajos un hombre se acercó a su mesa y dejó una tarjeta. Uno de sus jefes le dijo “Joe, este hombre pone publicidad en el periódico, así que debes escribir su historia”. Eso no es lo que yo había estudiado, contaba Joe.

Se ganó como pudo sus primeros dólares y se largó a Palestina. Explicaba ayer en Madrid que ni siquiera él sabía lo que estaba haciendo, simplemente llegó allí y el sentido común le dijo cómo actuar. Comió hummus y falafel. Vivió en hostales. Dibujó. Y se reconcilió con el periodismo.

Sacco contaba que ni siquiera él entendía qué estaba haciendo. Le costaba explicar que lo que él hacía era dibujar. En sus siguientes viajes, en lugar de tratar de explicarlo, lo mostraba. Llevaba su libro Palestina y decía “voy a dibujar tu sufrimiento”. Lo bueno del dibujo es que supera todas las barreras del idioma. “Mira, esto es lo que hago”, les decía, y la gente se reconocía en sus viñetas.

Admite que el hecho de presentarse como dibujante y no como periodista le facilitó las cosas en muchas ocasiones. La gente no sentía su intimidad tan atacada. Y es que otro de los problemas del periodismo es el periodista-protagonista. Explicaba Gervasio Sánchez cómo algunos compañeros torpedeaban el trabajo de otros. Llegaban a un campo de refugiados, se sentaban ante una niña de apenas trece años y atacaban sin pensar “¿y a ti, cuántas veces te han violado?”.

Tanto Joe Sacco como Gervasio Sánchez insisten en la importancia de la empatía con la víctima. En la necesidad de pasar tiempo con ellas y entender que son personas como nosotros a las que la guerra ha transformado.

Por desgracia estas cosas no las explican en las facultades.

“Normalmente me pregunto ¿qué me golpea en el estómago? y entonces escribo sobre eso”. El enfado es una reacción infravalorada como razón para escribir, pero muy válida.

Escuchar a Joe Sacco y a Gervasio Sánchez te golpea. Te remueve la conciencia y te hace pensar. No está mal para una tarde de martes.

Joe Sacco estará en el 32º Salón Internacional del Cómic de Barcelona que se celebra entre el 15 y el 18 de mayo.

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Irremediablemente discrepo.

Decía Ryszard Kapuściński que es un error escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un tramo de la vida. Discrepo.

También decía que los cínicos no sirven. Y en eso, querido, tenías razón.

Pero tenéis que saber que a veces, sólo a veces, el agua y el aceite se mezclan. Cuando esto ocurre, se fusionan en un todo maravilloso que dura segundos y funciona como un engranaje perfecto.

Después, como todo lo efímero, te golpea en el estómago y se esfuma.

Se esfuma y corre hacia el lado contrario. Siempre hacia el lado contrario.

Me hacía sentir verdaderamente especial, y es muy probable que ese sea uno de mis problemas ahora. Una vez te han adiestrado para ser especial no te sientes cómodo no siéndolo.

Cosas que los nietos deberían saber, Mark O. Everett.

Génesis: una carta de amor

Sebastião Salgado estrenaba el pasado 11 de abril la exposición Génesis en el Museo de Historia Natural de Londres. Ocho años de un viaje fotografiando nuestro (¿nuestro?) planeta a través de hasta 32 países.

Salgado, no muy amigo de la frialdad de algunas galerías de arte, no elige el Museo de Historia Natural de Londres por casualidad. Aunque de primeras pueda resultar extraño visitar una exposición de fotografía que comparte pared con salas repletas de fósiles o animales disecados; lo cierto es que el homenaje de Salgado a la naturaleza no podría haber encontrado mejor escenario.

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Su luz, a través de una colección de imágenes en blanco y negro que repasan los cinco continentes, te golpea recordándote que el mundo se extiende mucho más allá de nuestra cotidianidad y rutina y que al final, casi todo es prescindible.

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Génesis habla sobre el principio, sobre todos los principios. Génesis son todos esos lugares que aún no han sufrido recibido la influencia de la vida moderna. Génesis nos recuerda que aún se puede convivir con la naturaleza en perfecta armonía.

Sin ser yo una activista en cuanto a ecologismo se refiere ni nada parecido, lo cierto es que es inevitable acabar de ver esta exposición y no pasar al menos diez minutos pensando en lo jodidamente maravilloso que es lo que nos rodea y lo muy a menudo que lo olvidamos.

La exposición, que el propio Salgado explica aquí,  se puede visitar hasta el 8 se septiembre.

Cicatrices

Hace unos días se conocían en Londres los ganadores del Sony World Photography 2013.  La Noruega Andrea Gjestvang se hizo con L’Iris d’Or por unanimidad. Y no es para menos.

Su proyecto One day in history retrata a algunos de los jóvenes supervivientes de la tragedia de Utoya en 2011.

Sus fotos, llenas de dignidad, muestran una total confianza entre fotógrafo y retratado; y dan cuenta de unas heridas, físicas y psicológicas, que puede que jamás desaparezcan.

They have returned to their daily lives now. They go to school, they hang out with friends and they fall in love. They go to bed every night and look at them selves in the mirror in the morning. But something has changed. The young survivors will live on with their scars — both visible and mental — many of which may never fully heal.

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Las fotografías estarán expuestas en la Somerset House, Londres hasta el 12 de mayo.

El resto de premiados por categorías del Sony World of Photography  se pueden ver aquí. 

Era 8 de abril. A Couso.

“No hay nada peor para una madre que perder a un hijo excepto una cosa: parir a un asesino de civiles”. Javier Couso.

José Couso no murió por una fatalidad. José Couso no murió por una bala perdida. José Couso no murió por una imprudencia. José Couso no murió por ‘hacerse el valiente’.

José Couso murió mientras realizaba su trabajo. A José Couso lo asesinaron.

El caso Couso tiene un nombre y no es otro que el de crimen de guerra.

Un crimen de guerra sobre el que España tiene jurisdicción. Un caso molesto que lleva 10 años intentando taparse tal y como demostraron los cables de Wikileaks.

Auto Couso

Vídeo: Hotel Palestina (sí, una vez telecinco hizo un reportaje digno de ver).

Relato de una infamia

La guerra de Irak ha sido sin duda uno de los conflictos recientes con mayor número de periodistas internacionales desplazados. Puesto que ya antes de que comenzasen las hostilidades se sabía que iba a estallar en cualquier momento y que la guerra era inevitable, muchos profesionales se desplazaron a Bagdad días antes incluso del principio del conflicto, para poder ser testigos de lo que allí ocurriese.

Ha sido también el conflicto con mayor presencia de corresponsales españoles, hecho relacionado seguramente con el apoyo explícito de España a este conflicto. Numerosos periodistas que estuvieron allí presentes aseguran que la guerra de Irak desprendió siempre una sensación de que allí no eran muy bien recibidos. Durante el conflicto fallecieron dos periodistas españoles, José Manuel Couso Permuy; el caso más controvertido, y Julio Anguita Parrado, periodista empotrado en una unidad del ejército estadounidense que murió como consecuencia de un ataque a ésta, por lo que en su caso es imposible poner en práctica las normas de Derecho internacional humanitario como el Principio de distinción por ser víctima de un fuego cruzado al desplazarse con combatientes.

Es importante destacar, porque así luego lo afirmarían numerosas autoridades a raíz del Caso Couso, que en esta guerra se creó una especie de doble estatus para los periodistas. Por una parte estaban los periodistas empotrados, sobre todo en el ejército norteamericano y británico, a los que se debía protección; y por otra los independientes, a los que se ignoró y se desprotegió, y sobre los que algunas autoridades dirían después que “estaban allí voluntariamente, es imposible saber donde están y conocen los riesgos de una guerra”; afirmaciones de gran gravedad que parecen apuntar hacia una desprotección de los periodistas que no se integran entre los combatientes, tesis que defiende Reporteros sin Fronteras.

En cualquier conflicto, una de las primeras y más importantes decisiones que tiene que tomar un periodista es saber dónde se va a alojar, pues de ello dependerá en gran medida su seguridad. Ya una semana antes de que comenzase el conflicto, responsables del Pentágono, con el objetivo de tener a los medios controlados, decidieron que los periodistas se alojasen en tres hoteles de Bagdad: el Hotel Palestina, Al Rasheed y Al Mansur, que se abrieron exclusivamente para albergarlos. Con el paso del tiempo, los dos últimos se quedaron vacíos al darse cuenta de que estaban cerca de edificios oficiales e infraestructuras como puentes, circunstancia que podía provocar que se convirtiesen en objeto de ataques.

Así, en seguida todos los periodistas se concentraron en el Hotel Palestina, sobre todo, como algunos periodistas como Olga Rodríguez o Jon Sistiaga relatarían después, tras observar que se hospedaba allí la CNN (que había abandonado el Al Rasheed) pues se entiende de alguna manera que es el medio de comunicación más próximo al Pentágono y que por tanto allí donde estuvieran sería un lugar seguro.

El Hotel Palestina era uno de los edificios más altos de Bagdad, fácilmente identificable a distancia, y situado en una zona residencial, y por tanto, civil, sin objetivos militares cerca. Así pues, las coordenadas del Hotel Palestina debían estar necesariamente en manos del Pentágono (además de que muchos de los periodistas allí alojados se las habían hecho llegar a través de los Ministerios de sus propios países). El periodistas español Jon Sistiaga de Telecinco y del que Couso era cámara, defiende que es imposible que el Hotel no estuviera marcado en los planos del ejército.

La mañana del 8 de abril de 2003, día en el que se producen los hechos, los periodistas habían estado grabando desde el Hotel a los dos tanques (uno de los cuales dispararía después sobre el Palestina) que estaban situados sobre un puente y que abrían fuego contra objetivos situados al otro lado del río que les disparaban con kalashnikovs.

La sede de Al Jazeera se encontraba en una posición más peligrosa, pues estaba cerca de un puente que podía convertirse en objetivo militar, pero para garantizar su seguridad habían enviado sus coordenadas al Pentágono. A pesar de ello, esa misma mañana EEUU lanza un misil aire-tierra contra la oficina de Bagdad de Al Jazeera, causando la muerte del periodista T. Ayyoub e hiriendo a su cámara. Poco después, otro misil destruye las oficinas de Abu Dabhi Tv, apuntando hacia las cámaras que eran testigo de lo ocurrido hasta que las consiguen derribar, sucesos ambos que a pesar de su gravedad no tuvieron gran repercusión en el mundo occidental. Estos hechos, ocurridos horas antes del ataque al Palestina dan la sensación de que EEUU no quería testigos de la toma de Bagdad, objetivo que, tras el ataque al Hotel Palestina, conseguirían. Se supo además, con posterioridad, que una de las misiones encomendadas a la 3o División de Infantería del Ejército de EEUU era precisamente la de evitar que los medios de comunicación internacionales informaran sobre el curso de las operaciones que llevarían a la toma de Bagdad.

Los periodistas alojados en el Palestina, que llevaban toda la mañana filmando lo que ocurría en el puente, vieron cómo uno de los carros, situado a 1.700 m del Hotel, les apuntaba y luego volvía a girar. A las 11 de la mañana, un carro de combate de la unidad de blindados 4-64 Arman conocidos como los assasins (asesinos) disparó un proyectil de 120mm contra el hotel Palestina, a la altura de la planta quince.

Como resultado del ataque, el periodista José Couso, que se encontraba filmando desde la habitación 1403 fue alcanzado por la metralla procedente del estallido del proyectil, falleciendo horas después y tras ser sometido a cirugía, en el Hospital Ibh Nafis de Bagdad. Asimismo, perdió también la vida el reportero de la agencia Reuters Taras Protsyuk, que se encontraba en la planta quince y resultaron con heridas de diversa gravedad otros tres periodistas (Samia Najul, Paul Pasquale y Faleh Kheiber).

El 25 de enero de 2011, las autoridades iraquíes autorizan el viaje del Juez Pedraz a Irak para investigar la muerte de Couso, accediendo a que el magistrado de la Audiencia Nacional y cuatro periodistas testigos de los hechos puedan reconstruir las circunstancias de la muerte del cámara en 2003.

La llave de la 1403, por Jon Sistiaga. 

El 29 de enero de 2011, el Juez Santiago Pedraz certifica que desde el puente desde el que se disparó a Couso se veía perfectamente la habitación del cámara.

El 16 de mayo de 2011, los peritos confirman que los soldados de EEUU pudieron ver con claridad a Couso en el Hotel Palestina.

El 4 de octubre de 2011, el juez de la Audiencia Nacional procesa por tercera vez a los tres militares de EEUU implicados en la muerte de Couso, imputa a otros dos y concluye que hubo un plan premeditado para evitar que los medios de comunicación informaran desde Bagdad.

En el marco de esta investigación, el pasado 5 de julio de 2012, la periodista Amy Goodman declaraba en el juzgado de instrucción número 1 de la Audiencia Nacional y ratificaba la veracidad de la entrevista que realizó en su programa a la ex sargento estadounidense Adrienne Kinne en mayo de 2008, en la que ésta declaraba su conocimiento de que el Hotel Palestina, sede de la prensa internacional durante la guerra de Irak, estaba marcado como objetivo a atacar.

A día de hoy el caso sigue abierto. Están procesados los tres militares que ordenaron, autorizaron y efectuaron el disparo que mató a Couso. Además, el Juez Pedraz ha imputado, tras la inspección ocular en Irak, a dos de sus superiores como ejecutores de un plan para evitar que los medios de comunicación pudieran informar desde Bagdad.

La familia de Couso sigue, diez años después, pidiendo la justicia que se merece. 

Yo acuso

No sé qué opinará usted, señor presidente, pero dicen que es grave que una sociedad pierda la capacidad de sorprenderse. El shock instantáneo al descubrir otro escándalo, otro abuso, no es otra más que la última de entre las últimas gotas que colman el vaso. “¿Qué más tiene que pasar”, dicen, “¿cuándo estallará la bubuja”, dicen. Pero la rabia hace tiempo que se ha convertido en hastío.

Es por eso que yo le acuso, señor presidente. A usted y a los que le han precedido. Le acuso por no saber valorar la responsabilidad que se le ha puesto en sus manos. Le acuso por no ver más allá de sus propios intereses. De los suyos y de sus compinches. Le acuso por haber roto las ilusiones de tantos y tantos. Esos, esos que se esconden tras los números de los que tanto y tanto les gusta hablar. Esos, señor presidente, no son cifras. Tienen caras, nombre y apellidos. Con suerte, tienen también un trabajo. La mayoría cumple la ley, paga sus impuestos, consume, e intenta ser feliz. No, señor presidente. A ellos nadie les entrega un sobre con un dinero extra a final de mes. Ellos no viajan en coches oficiales, ni usan trajes a medida. Algunos se indignan, sí. Y con razón. Porque ellos son los dignos, señor presidente. Los que intentan vivir al margen de las trabas de un sistema que cada vez les da más la espalda.

Yo le acuso. Le acuso por la cobardía. Por esconderse detrás de una pantalla de plasma, por la falta de vergüenza, por la falta de escrúpulos, y me atrevo, incluso, a acusarle por la falta de corazón. ¿Cómo, si no, se atrevería alguien a pedir sacrificios a quien no puede más, al que ha trabajado día y noche toda su vida para mantener a los suyos, a los que han soñado con esfuerzo, labrarse un futuro mejor?

Yo le acuso. Le acuso porque todos esos merecen algo mejor. No crea que sólo estoy hablando de los que no le han votado, no. Los que deberían de verdad reprocharle toda esta desfachatez son los que alguna vez confiaron en usted. Aquellos que todavía confían en un sistema que no deja de mostrar que nos ha fallado. A todos. A todos menos a ustedes, quienes lo han ideado. Unos, y también los otros. Buscando entresijos, tomándonos el pelo, colocando amigos, abusando, haciendo la ley para hacer la trampa. Mintiendo.

Le acuso por hacernos caer en la resignación. Por hacer que algunos piensen que tenemos lo que merecemos. Por hacernos creer, incluso, que todo esto es culpa nuestra. No, señor presidente. No pienso permitirlo. Algunos todavía creemos en las personas, en la bondad y en la justicia. En una forma mejor de hacer las cosas. En un cambio.

Puede llamarlo indignación, puede llamarlo conciencia. Puede llamarlo ilusión. Puede que no conozca estas palabras, señor presidente. No. No las encontrará entre esas cifras que tanto le gustan. No las encontrará en unos papeles con anotaciones de dinero en B. Las encontrará en la calle. En el supermercado, en el autobús, en un colegio, en un hospital, en una ventanilla del INEM.

Ahora que lo pienso, puede que tampoco conozca esos lugares.

Piénselo un rato, señor presidente. Usted, los suyos y los otros. Los otros también. Piénsenlo. Y si aún les queda algo de dignidad, háganos un favor y lárguense.

Touchée

Y si alguien quisiera preguntar, le diría que era algo así como lanzarse al vacío, como pasar de 0 a 200 km/h en apenas unos segundos, como la complicada reacción química que da lugar a la sinapsis. Me suponía un maldito reto.

Adiós espantapajaros. Podría haberte echado de menos.

Firma la historia

No sabría decir en qué momento supe que quería ser periodista. En realidad ni siquiera ahora estoy segura. Pero sí recuerdo que fue cuando aún levantaba poco más de un metro del suelo cuando empecé a hacer preguntas incómodas. Mamá, ¿qué es una guerra? ¿Por qué dicen en la tele que ese niño no puede ir al cole como yo?

Obviamente no entendía nada. Bueno, como ahora. Supongo que con algo parecido a la intención de comprender estudié periodismo, porque para contar historias primero hay que entender lo que ocurre. O al menos creo que eso es lo que decían mis apuntes.

El caso es que siempre he creído que un periodista no puede ser más que eso, un contador de historias, y que lo importante no es quién lo cuenta primero, si no quién lo cuenta mejor. Pero eso explicádselo vosotros al periodismo 2.0. Vaya, que no hay manera.

Hace poco leía en twitter que los periódicos son cada día más delgados y los periodistas más gordos. Lo que se traduce por poca calle y mucho culo pegado a la silla mientras se refrescan los teletipos de agencias.

No quisiera dármelas de gurú del periodismo, que me dicen por el pinganillo que vamos sobrados de eso también. Por eso este blog. Porque ya que los puestos de trabajo no están muy a la orden del día en esta profesión (a no ser que quieras trabajar GRATIS perdón, quiero decir, a cambio de visibilidad), al menos aquí podré firmar la historia. Sí, lo habéis adivinado.

À propos de Paris

"En nuestra época no existe tal cosa como 'mantenerse fuera de la política'. Todas las cuestiones son cuestiones políticas, y la política misma es una masa de mentiras, evasivas, tonterías, odio y esquizofrenia" George Orwell

José Casás. Periodista SEO desde Galicia

Periodista y Redactor especializado en redacción de contenidos SEO

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Carmen Quintela

Periodista.

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